Esta será la ultima vez que cruce el río. Sus aguas traslúcidas no me ocultan las piedras del fondo. Camino entre ellas con cuidado, sumergiéndome lentamente. La corriente es veloz. Después me recostaré y dejaré que me conduzca mas allá, hacia las lejanas orillas del olvido...
Muchos lo han cruzado ya, muchos dicen que no tiene orillas y esta idea me hace sonreír, porque apenas recuerdo ya mis primeros pasos en la arena húmeda.
Cruza un niño, un pescador, una muchacha, un pájaro. La muchacha ha dejado de cantar, el pescador recoge sus redes. Revolotea sin temor el pájaro y el niño camina ensimismado.
A veces la corriente arrastra también hojas o ramas fragantes o un madero ardiendo en el crepúsculo. Artemisa envía ráfagas de viento que oscurecen las aguas. Se aproximan las tinieblas. Repito el nombre de mi dios Zagreus cruel, que no olvide mis favores.
La oscuridad lo ha invadido todo, a lo lejos se distinguen las antorchas encadenadas a la cubierta de las embarcaciones.
Esta es la ultima vez, porque ahora veo que todo fue en vano y que las dríadas jugaron caprichosamente con mis ofrendas, sin atender a ellas. Mientras atravieso este vasto río silencioso comprendo que en verdad he olvidado mi secreto designio y propósito.
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