El privilegio de pensar
Problemática y perspectivas del niño talentoso en la escuela
¿Quién es y cómo es el niño talentoso?
Lic. María Elena García Autino
“Cómo quieres que siente cabeza, si no llevo hacia arriba los pies?
Lewis Carroll, “Alicia en el país de las maravillas”
A su modo, original, lleno de humor y de profunda sabiduría, Lewis Carroll plantea en estas breves líneas la disyuntiva que, desde siempre, parece plantearse a los individuos con talento.
Porque no hay otro modo de “ sentar cabeza”, es decir, de lograr un equilibrio significativo, pero a la vez novedoso, para el individuo y para la sociedad, que aceptar las respuestas diferentes, las modalidades divergentes de ver las cosas que caracteriza a las personas creativas y talentosas...
Ver las cosas de otro modo es interesante y divertido para el individuo, y vital para la supervivencia de la especie humana, que de no “ llevar hacia arriba los pies”, de no intentar soluciones alternativas detendría su desarrollo y se extinguiría.
Algunas de las características que perfilan al individuo talentoso facilitan su inserción y participación en la comunidad, otras constituyen un obstáculo que lo margina y aísla.
El elevado cociente intelectual y la predisposición o habilidad excepcionales para algún campo de las actividades humanas no aseguran necesariamente la plena realización de un individuo felizmente integrado.
La sociedad, por su parte, no siempre estimula y apoya a los creativos y excepcionales, que la cuestionan, obligándola a una revisión de supuestos y esquemas. A menudo no los reconocerá como tales.
Pero el logro del principal objetivo de una comunidad humana, asegurar el pleno desarrollo personal y comunitario, exige el mantenimiento y la constante superación de la calidad de la existencia en el seno de esa comunidad, proveyendo una igualdad de oportunidades a todos los individuos, estimulando a los de especial talento y creatividad, para que sean más, actúen con más libertad y desarrollen al máximo sus potencialidades.
La marginalidad, producto de una situación socioeconómica que no proporciona respuestas válidas a los problemas comunitarios; el retraso o la deserción escolar; los sistemas educativos autoritarios y obsoletos y la tendencia a trasmitir información en vez de promover la investigación y la resolución de problemas producen en todos los niños y muy especialmente en los talentosos un rendimiento muy por debajo de sus potencialidades.
El niño talentoso a menudo se ve limitado y resignado al aburrimiento o a la mecánica resolución de ejercitación cuya dificultad ha superado ya y presenta frecuentemente problemas de conducta o adaptación en la escuela.
El ritmo de la escuela común resulta tedioso e incluso hostil para este tipo de niños y paradójicamente, a pesar de su alto coeficiente intelectual tienen dificultades en el colegio. Atreverse al pensamiento divergente, conducta habitual en estos chicos, suele acarrear problemas, tanto en el grupo de pares como con el maestro. Además, no suelen ser excepcionales en todas las áreas y a menudo se destacan especialmente en alguna en detrimento de otras.
Aquí parece residir la primera de las dificultades que debe resolverse cuando se encara la problemática especial de estos niños ¿Cómo determinar cuándo debe considerarse talentoso a un niño?
A menudo, al encarar esta difícil y controvertida cuestión, se enfatiza el producto, el resultado visible del talento del niño, su rendimiento excepcional, olvidando que muchas veces, y especialmente en nuestro medio, muchos niños no tienen la oportunidad de hacer efectivas o aun de manifestar sus potencialidades.
Por eso es necesario acentuar que el niño talentoso es aquel que posee capacidades efectivas pero también potenciales que evidencian alto rendimiento en todas o algunas áreas:
tales como:
Ø Capacidad intelectual
Ø Creatividad
Ø Rendimiento académico
Ø Liderazgo
Ø Capacidad artística
Ø Capacidad física
Y que por lo tanto, requiere atención, servicios y actividades que exceden las que prevé normalmente la escuela.
Si bien no hay definición univoca del individuo talentoso, y que toda aproximación al problema debe comprender al niño y no rotularlo, teniendo en cuanta su situación única e irrepetible, su entorno, sus dificultades y problemas y la índole de sus logros específicos, todo acercamiento a esta problemática implica necesariamente la consideración de un programa de acción de menor o mayor envergadura, que tenga en cuenta sus especiales habilidades y talentos.
Comprometiéndonos en la educación del niño talentoso
Si, como educadores nos preocupa cada uno de nuestros alumnos como una persona única e irrepetible, no sólo debemos aceptar, sino estar atentos y estimular la diversidad dentro de nuestras aulas y conciente y sistemáticamente tratar de desarrollar esa diversidad, en una atmósfera de tolerancia, comprensión y afecto.
Esta aproximación a cada niño como una persona única y especial, favorece el desarrollo de sus propias posibilidades de comprenderse y comprender el mundo circundante y nos coloca en una perspectiva educativa centrada en el niño, a partir del cual trabajamos, comprometiéndonos con su crecimiento como individuo.
Este compromiso básico implica también comprometernos a:
- Proveer diferentes modalidades, tipos y estilos de enseñanza.
- Incorporar variaciones de dificultad y profundidad en el desarrollo de los temas curriculares
- “Negociar“ el “currículo” con cada niño o grupo de niños, con los que se analizará quiénes son, cuáles son sus intereses y objetivos, hacia dónde marchan sus intereses particulares.
- Alentar la autonomía y la libre decisión.
- Cambiar el rol del docente, quien se convierte en un facilitador, un guía, un organizador de experiencias, un inquisitivo y un inquieto, que aprende a la par de los chicos.
- Cambiar la organización de la escuela, hacia grupos flexibles de alumnos, agrupados por sus intereses, capacidades, proyectos, aún que entre ellos existan diferencias de edad.
- Asegurar una activa participación en la comunidad, para que aprender y vivir no sean dos experiencias separadas.
Preguntarnos qué estamos enseñando, por qué, cómo y qué está aprendiendo, experimentando, recordando el niño, y por qué y cómo, nos sirve para recordar que estamos tratando de ayudar a los niños a convertirse en adultos capaces de:
- Comprenderse a sí mismos y al mundo que los rodea
- Establecer relaciones fecundas y significativas con los demás, con la cultura, con la ciencia y las artes.
- Pensar, cuestionar, evaluar a la sociedad de la que son parte
- Experimentar la seguridad de ser útiles y efectivos, para sí mismos y para su comunidad
- Luchar para promover un mundo mejor
En este contexto, la educación se transforma en una experiencia en la cual cada niño se siente comprometido protagonista, y fundamentalmente, en un trayecto de descubrimiento que respeta los distintos niveles y posibilidades individuales.

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